Sí, hoy es mi cumpleaños. No sé cómo estoy aquí, después de 38 años de guerra contra el TOC. Si lanzo una mirada retrospectiva, me quedo estupefacto y, a la vez, muy orgulloso de mí. El demonio que anida en mi subconsciente aún no me ha matado; en los pulsos gana él casi siempre, pero en estrategias gano yo. Él sabe que soy un rival digno y muy difícil de vencer; resulta curioso que aún no se haya dado por vencido.
El pasado noviembre comencé a ganarle otra batalla. ¿Qué más he de hacer para demostrarle que no estoy dispuesto a caer en sus garras? Me resisto siempre antes de sucumbir ante alguna de sus tentaciones, como son los ritos con los que alivio momentáneamente mi ansiedad, mi dolor, mi sufrimiento. Hoy comienza para mí un año decisivo; se tratará de caer en menos trampas aún; nunca le venceré por KO, pero sí por puntos(usando el argot pugilístico).
A lo largo de estos 38 años he creído morir, y, de hecho, he estado mucho tiempo en coma; las embestidas del Diablo han sido y son fuertes, solo puede detenerlas una persona fuerte, una persona que ame la vida por encima de todo, y ése soy yo.
Agradezco la ayuda de casi todos los psiquiatras y de casi todos los psicólogos/as que he tenido durante este tiempo(algunos procedieron como temo que son: un psiquiatra y un psicólogo verdulero). Hoy, 4 de junio de 2020, en pleno azote del coronavirus, constato que también soy fuerte mentalmente para superar otros obstáculos. En estos meses pasados me he preguntado si no será mi TOC una ventaja para según qué situaciones, y la respuesta es afirmativa. Estoy acostumbrado, desde hace muchos años, a estar aislado; no me aislé yo; me aisló mi enfermedad, con lo cual el confinamiento obligado por el Gobierno para luchar contra el COVID-19 ha sido, para mí, coser y cantar. Pero apostillo lo que sigue: "lo prohibido", como ya dijo el gran Freud, "ejerce seducción". Más de una vez, durante esta cuarentena, me he sentido tentado a desobedecerla y salir a la calle cuando me viniese en gana, precisamente por eso, por el poder hechizante que tiene la desobediencia; incluso he soñado que me encontraba en medio de una carretera, solo, esperando a que viniese la Policía para espetarle: "¿qué pasa? Me iré a mi casa cuando me dé la gana". Pero, como dijo nuestro Calderón de la Barca, "los sueños sueños son". Los neuróticos obsesivos compulsivos somos incapaces de subvertir nada; es inconcebible, para nosotros, quebrantar una orden; por eso somos jodidamente neuróticos.
Pues bien, este neurótico ha cumplido 53 años. El año que viene ya veremos.