lunes, 14 de septiembre de 2020

Es necesario llorar. Dichosos los que tienen lágrima fácil.

Ayer, cuando terminé de comer, prorrumpí en sollozos en presencia de mis padres. Siempre prefiero llorar cuando estoy solo, pero era tal la tensión acumulada durante tantos días, los pensamientos acerca de la situación mundial en la que nos encontramos, la incertidumbre cada vez más acrecentada que se apoderó de mí mientras almorzaba, que salí de la cocina habiendo ya explotado. Inmediatamente entré en mi habitación; al seguir derramando lágrimas comencé a relajarme, pues no sé si sabéis que el llanto es un mecanismo de descarga de agresividad. ¡Me quedé fetén!  El resto del día seguí triste, pero necesitaba este estado anímico para provocar más llanto. Puse la radio, y, ¡sorpresa!, estaban emitiendo un programa de poesía dedicado al centenario del nacimiento de Mario Benedetti, que se cumple hoy precisamente. Pusieron una canción de Joan Manuel Serrat acerca del poeta y las lágrimas volvieron a brotar; la relajación fue estupenda. ¡Por fin pude llorar!  ¡Hacía tiempo que no podía!  Yo, como escribo en el título de la entrada del blog, hablo de la dicha que tienen los que lloran con facilidad.

No hemos de avergonzarnos de llorar si estallamos en compañía de otros. Las personas que han madurado tienen esa facilidad. Y los enfermos de TOC, como yo, somos personas altamente sensibles(PAS). Ya no me avergüenzo. Ojalá pueda volver a derramar lágrimas cuando lo necesite. Charles Dickens escribió:  "No hemos de avergonzarnos de nuestras lágrimas, pues son como la lluvia que lava el polvo cegador de nuestro endurecido corazón".