domingo, 1 de noviembre de 2020

El idiota

 Estoy llegando a metas que ya alcancé en su día, cuando mi primer psiquiatra casi me curó. Pero no me siento satisfecho totalmente, habida cuenta de lo mucho que aún me queda por conseguir. Es mi naturaleza:  soy una persona que desde muy pequeño se ha exigido mucho a sí mismo, lo cual me impide celebrar mis triunfos.

Desde noviembre pasado puedo volver a realizar una actividad que no podía hacer desde hace nueve años. Gracias a mi lucha lo he conseguido, ¡lo he conseguido!  ¡debería estar brincando de alegría!  

La pandemia lo ha cambiado todo. El mundo ya no será el mismo. No tiene sentido hablar de "nueva normalidad", como antes tampoco había normalidad. Nunca la ha habido y nunca la habrá. Convengo con William Shakespeare:  "El mundo es un cuento contado por un idiota". Ese idiota está con nosotros, y su relato nos condiciona. Los diferentes como yo tenemos que enfrentarnos a la idiotez día a día. El orden mundial ha sido demolido por el coronavirus, pero queda el idiota, que adopta la apariencia de monstruo, de fantasma que asusta mucho, y engaña a la gente, convirtiendo en real lo que es mera quimera que se incrusta en el cerebro y lo gobierna. De ahí surgen gobernantes peligrosos, que con solo pulsar una tecla de su ordenador pueden hacer desaparecer países enteros. Los idiotas gobiernan el planeta y el coronavirus mata sin piedad. ¿Qué nos queda?  La diferencia. Quienes luchamos para quitarle la sábana a ese fantasma no podemos rendirnos, no podemos claudicar ante la idiotez. La diferencia ganará la partida, una larga partida que se juega desde casa, desde el país donde vivimos. Impedir que el idiota pulse su tecla nos salvará del caos.