Mi ansiedad era ya muy alta antes de la visita del COVID-19. Ahora éste se cierne sobre mí, obligándome a una reprogramación. Cada mañana, desde el 13 de marzo, me levanto más asustado que antes, más indeciso sobre lo que voy a hacer, más entristecido ante la "nueva normalidad". ¿Alguien puede explicarme qué es eso? Para mí nunca ha habido normalidad; todo ha sido anormal, esto es, sin norma, sin medida. Todo son excesos o defectos. Antes de la pandemia no sabía qué iba a suceder; ahora, esa incertidumbre se ha triplicado y me produce pánico; mis crisis de ansiedad son frecuentes; he leído en algún lugar que "la ansiedad es la mente yendo más deprisa que la vida". Ese es mi caso. Hoy es viernes, 14 de agosto de 2020, y mi mente ya apunta a 2021. ¿Qué sucederá? ¿Habrá nacido la vacuna contra el coronavirus? ¿Podré, de nuevo, besar a mi sobrino, abrazarlo? Porque esta es una de las cosas que me mata: no poder tener contacto afectivo con mis seres queridos.
Cuando leo o escucho en los medios que "esta es la pandemia más grave de los tiempos modernos", un escalofrío recorre toda mi espalda, y me pregunto tantas cosas...
Mi TOC se ha resentido notablemente, pero los avances no, porque han sido resultado de una lucha que apuesta por la vida, y no habrá coronavirus que pueda vencerla. ¿Y si mi monstruo es atacado por el COVID-19?
Me levanto aterrado, sí, pero tras un cuarto de hora mi terror remite, aunque deba tomar mi medicación contra la crisis de ansiedad. Acuden a mi mente las cosas que hice el día anterior y sigo esa senda, una senda que abrí el pasado noviembre gracias a mi psicóloga clínica y mi colaboración.
No sé si la incertidumbre que se ha apoderado de todos me volverá loco. Si eso ocurre, habré dejado de sufrir.