Sin embargo, mi sufrimiento sigue ahí; mis obsesiones, si bien han disminuido en número, me torturan como si de una legión se tratara.
Mi madre, que escuchaba atentamente mi parlamento, me preguntó: "¿y si tuvieses miedo de conocer una dimensión nueva, de lo desconocido? Esto es lo que conoces y te sientes cómodo". Las palabras de mi madre parecían estar siendo pronunciadas por un psicoanalista. Y me dieron que pensar; hoy sigo pensando en ellas, no paro de pensar en si, de veras, tengo miedo de estar aún mejor de lo que voy estando; tendría que exponerme ante mis miedos a desfallecer o volverme loco cuando dejase que las obsesiones me horadaran el cerebro, sin responder con mis interminables ritos para aliviar mi dolor.
Sí, es posible que tenga miedo, terror, pavor a dejar que pensamientos intrusos, ajenos a mí, entren en mi morada sin mi permiso, la ocupen y se marchen cuando constaten que no lucho contra ellos. Confieso que, a día de hoy, no estoy preparado para semejante empresa. Necesito más tiempo. Desde noviembre no he cejado en mi empeño de retomar una actividad vital para mí. He de reponer fuerzas para el siguiente reto, y gozar, mientras tanto, de lo que he conseguido, algo que ya no esperaba.
Respecto de esas personas que dicen haber superado su TOC, les comunico mi alegría por ellas, pero sigo sin entender cómo es posible que un veterano de guerra como yo no lo haya conseguido ya. Tiempo al tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario