martes, 11 de agosto de 2020

La importancia de la vida social

 Somos una unidad biopsicosocial. Estoy trabajando en la rehabituación de los aspectos biopsíquicos. Ahora necesito urgentemente retomar mi vida social real. Por lo pronto, es un mérito haber abierto el ordenador, abrir cuenta en las redes sociales, crear una petición de firmas para que la sociedad conozca el TOC y el Ministerio de Sanidad escuche nuestra voz, así como crear un grupo de TOC en Facebook. Son mis logros, sí, que me permiten estar en contacto con muchas personas en todo el mundo, transmitirles mi experiencia como enfermo de TOC y escuchar sus vivencias, de las que también me estoy enriqueciendo. Esta es mi vida social virtual. ¡Ojalá llegara a conocer en vivo, algún día, a alguna de las personas con las que, diariamente, me relaciono a través de la Red!  Entretanto, he de salir a la calle todos los días, como he hecho durante más de 40 años.

Mi psicóloga clínica me dijo que no soy yo quien se ha aislado; me ha aislado mi enfermedad. Cierto.

He sido un hombre con gran don de gentes, animador de actos, participativo y receptivo en eventos. Pero temo encontrarme con los cambios que ha habido en ese mundo desde que me despedí de él. No quiero ver a gente conocida, esa gente chismosa que comienza a preguntar qué tal te va, qué haces ahora... Prefiero ser yo quien acuda a los mentideros de otrora para escuchar qué tal le va a fulano, mengano o zutano. ¿A qué estoy esperando?  A superar el miedo al reencuentro y a los cambios que han tenido lugar en mí. Ya no soy esa persona alegre, no me interesa saber nada del destino que deparó a quienes conocí, mi ansiedad se dispara cuando estoy hablando con algún conocido y regreso a casa con tensión muscular. Una conversación que dure más de 10 minutos me agota.

Necesito vida social real pero aún no estoy preparado..., a menos que me muestre tal y como lo hago cuando estoy en mi casa:  si tengo que girar la cabeza, giro la cabeza, si he de estirar el brazo, estiro el brazo, si he de hacer algún rito, lo hago. Y que los neurotípicos piensen de mí lo que les plazca. Ese es el punto:  que aún no me he aceptado tal y como soy, que no me quiero, que el TOC me ha humillado hasta límites insospechados. Ese es uno de mis retos:  quererme, quererme mucho para que los demás me quieran y para que yo les pueda querer.

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