martes, 28 de julio de 2020

Odio a mi padre, amo a mi madre

Quizá sean los caprichos de la genética los que han causado mi TOC:  sí, a mí y no a mis primos hermanos. Lo sé, pero hasta la fecha no he podido dejar de odiarlos, a ellos y a mi tío, y, por supuesto, a mi padre. Si él sabía que su padre era un neurótico(los adjetivos "obsesivo" y "compulsivo" fueron posteriores a los años 40), no debería haber tenido hijos. A veces se lamenta, pero su lamento no me va a curar. Cuando peor me encuentro, con crisis de ansiedad, una legión de obsesiones ante las que respondo con rituales compensatorios, es cuanto más desearía ver muerto al marido de mi madre. A ella la amo muchísimo; cuando él enferma, me preocupo por la salud de quien me dio a luz, ya que mi padre ha ingresado 5 veces en 3 años, y eso supone una labor ímproba para ella, y temo que su agotamiento tenga nefastas consecuencias.
Si mi madre muere antes, no sé cómo voy a reaccionar. A mi psicóloga le dije que ya me imagino desplomándome, cayendo al suelo, perdiendo el conocimiento y teniendo que ingresar por duodécima vez; pero ésta sería una estancia en el hospital más larga que las anteriores. No sé si algún día de los días del resto de mi vida me repondría del trauma. O tal vez la muerte de mi madre sería un acicate para vivir en honor a ella, seguir haciendo las cosas que a ella le satisfarían desde el más allá.
Si mi padre muere antes, creo que sería casi feliz, mi ansiedad disminuiría, respirando mejor y saliendo a la naturaleza para gritar:  "¡Gracias, Dios mío!". Aunque mi TOC va a seguir siempre conmigo, al menos me sentiría más cómodo. Si Dios existe, me va a castigar por escribir tales cosas, pero seguro que no lo hará tanto como lo está haciendo mi enfermedad. Pero ante la incertidumbre, solo queda sobrevivir amando a mi madre. Creo que es lo que en psicoanálisis se llama "mother good enough"("madre suficientemente buena"), un privilegio que no todos ni todas tienen.

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