Cuando hablo de los tipos de mi TOC, de las etapas que duran sus síntomas, hablo de años, de muchos años. Comencé con TOC de higiene, ideas obsesivas de contaminación(de lo que hay remanentes), y ahora padezco el infierno del pensamiento mágico. Como sabéis, es "la necesidad mental de controlar todo lo que me rodea", pasado o presente, y con altísimas dosis de ansiedad por no poder controlar el futuro. Temo que si no hago determinados rituales, podría cambiar mi vida pasada en su totalidad. El resultado es agotador. Es, una vez más, lo absurdo a lo que yo le confiero poder. Pero, ¿por qué? ¿Por qué una mente analítica, lógica, racional como la mía, se entrega a estas tonterías? Sí, he reaccionado así, pero, ¿y si el sótano de mi cerebro esconde una explicación científica a esta ilusión(del latín illusio-onis: engaño)? Acabo de esbozar una sonrisa tras escribir tal cosa. Es algo como para que, de solo contarlo, me dé vergüenza hasta el día del Armaggedon. Pero he sonreído.
¿Me controla alguien a mí? Pues sí; verbigracia, el Estado se encarga, a través de las leyes que aprueba el poder legislativo, de pautar mi conducta desde un punto de vista social, legal, penal... Nos controlan a través de la ley para que no nos devoremos entre nosotros: para que no haya crímenes, para que no se consumen actitudes retaliativas, para que no haya violencia entre los sexos, para que no haya evasión de impuestos o fraude a Hacienda...
Pero, ¿tiene el Estado pensamiento mágico? ¿Cree el Estado que si sus representantes no se entregan todo un día a rituales podrían cambiar las cifras de criminales detenidos, o desaparecer millones del erario, o incrementar las violaciones de los derechos humanos...? En suma, ¿cree el Estado que si no se somete a los rituales corre un serio peligro de extinción? Obviamente, la respuesta es no. El Estado no tiene pensamiento mágico. Si él no lo tiene, yo puedo estar tranquilo de que mi vida pasada no cambiará jamás, será tal y como fue por siempre.
Así transcurren los días, semanas, meses y años de mi vida: intentando controlar lo que no es necesario controlar, pensando lo impensable, concibiendo lo inconcebible. Et sic transit gloria mundi.
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