sábado, 16 de mayo de 2020

Decepción

Tras presentarme a las oposiciones a Enseñanza Secundaria sufrí un rebrote de mis síntomas:  los ritos volvieron a ser persistentes, volví a quedarme extenuado, después de lo cual regresaba otra obsesión, a la que respondía con nuevos ritos, y, así, el círculo vicioso retornó, mi mente volvió a sentirse asediada. Mi psiquiatra me dijo que no me preocupase, que se trataba de "una pequeña recurrencia":  o estaba seguro de lo que decía o se trataba de una mentira piadosa a la que tanto recurren los médicos. En cualquier caso, sentí que la cápsula en la que había vivido desde los 15 años se abrió y penetró el mundo exterior, el de los demás, el mundo normal. Y no me gustó nada de lo que comencé a vivir en él:  los días, ahora, eran los días y no mis días, el verano era el verano y no mi verano, la Navidad era la Navidad y no mi Navidad...
Ya no tenía deseos de salir tanto como lo había hecho desde que mi psiquiatra 'casi' me había curado; comencé a aislarme paulatinamente del mundo. Seguí asistiendo a mis consultas, y de ahí regresaba a mi casa abatido, sumido en una gran depresión. "Todo ha terminado", me dije. La dimensión de futuro se había eliminado de mi mente, al menos la de un futuro pletórico de ilusiones y ganas de vivir. Me remitieron a otro psiquiatra que estaba prescribiendo un fármaco que hasta ahora no había tomado:  ¡nada de nada!  Pero allí, en aquel hospital, conocí a uno de los psicoanalistas que decidió tratarme, y me rescató del abismo en tres años, ¡solo en tres años!  De nuevo despertaron mis ansias de vivir, volví a tener apetito de conocimiento, retomé mis lecturas y escrituras, me invitó a unas charlas acerca de un tema que, como filósofo que soy, me apasiona:  la muerte. Hoy por hoy sigue pasando consulta y muchas veces me hallo tentado a volver a sus sesiones. Su recuerdo introduce su mente en la mía. Es una eminencia del psicoanálisis a nivel mundial, y estoy seguro de que pasará a la historia; más aún:  es ya una referencia obligada para todas las personas que quieran mejorar su salud mental..., y algo más.
Transcurridos esos tres años de dicha, volvió a descompensarse mi TOC. Y me puse en manos de otro psiquiatra eminente; solo se dedicaba a la medicación, pero gracias a ella disminuyó la crueldad de las obsesiones y ritos, aunque no fue suficiente, y, de consuno, ingresé en ese hospital cuyo reflejo en la habitación de mi casa dio lugar, a mis 15 años, al inicio de los rituales de mi "religión privada"(como dijo Freud). Dado mi defecto a esperanzarme cuando se inicia algún nuevo procedimiento terapéutico, creí, la noche de mi ingreso, que volvería a estar como nuevo cuando me diesen el alta. Pero no fue así. Me suministraron una medicación que no había tomado hasta ahora, me sentí mejor durante los primeros días, pero transcurridas dos semanas volví a ser presa de obsesiones. Éstas son ideas, pensamientos o imágenes que cercan la mente con mensajes absurdos, sin sentido, como, verbigracia, la idea según la cual no he pagado el café en el bar después de haberlo pagado, ni el periódico en el quiosco después de haberlo pagado, o la idea de que he violado a un bebé tras haber pasado junto a su carrito llevado por su madre, o la de que he violado a mi vecina, o matado a un amigo. Para mitigar el ilimitado dolor y ansiedad que se activa en estos casos, recurro a los ritos; el alivio que me proporcionan dura solo unos minutos, tras los cuales vuelven otras obsesiones con las que lucho a través de los rituales y vuelve, así, el círculo vicioso. ¿Cómo romperlo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario