miércoles, 20 de mayo de 2020

Renace la esperanza

Me derivaron a una psicóloga clínica que somete a sus pacientes a TCC. Es la terapia cognitiva-conductual, basada, sobre todo, en la exposición, en la manifestación de los síntomas del TOC. Cuando acuden las obsesiones, he de dejar que éstas, cual abejas, claven su aguijón en mi mente, y sabido es que las abejas mueren cuando clavan su aguijón. Cuando tengo obsesiones, no he de luchar contra ellas, pues eso les conferiría más fuerza y poder; le otorgaría poder a lo absurdo, cuando se trata de ignorarlo precisamente por lo que es, y yo sé que lo es. Quien padece trastorno obsesivo compulsivo sabe, antes de entregarse a los rituales para mitigar su dolor, que éstos no tienen sentido; los rituales no cambian nuestra realidad, nuestra vida pasada; al contrario, son el sinsentido; lo único que añaden a nuestra mente es sufrimiento, nos torturan, nos bloquean.
En los inicios de mi enfermedad experimentaba placer haciendo ritos; ellos me sumían en mi mundo mágico, pero ese placer se derivaba del control que yo tenía sobre ellos. Ese mundo, mi mundo, construido con tanto esfuerzo para darle sentido a mi vida, funcionaba porque yo era su amo; obedecía a mis órdenes, y, por tanto, no me agotaba en absoluto. En relación a mi mundo mágico tenía experiencias extáticas. Pero cuando mi obra de arte se rebeló contra mí, se desmoronó a la vez y me sepultó. Pero mi obra, cual Ave Fénix, surgió de sus cenizas y tomó el control sobre mí. Ahora yo era el esclavo. ¡Y seguía sintiendo placer acatando sus órdenes!
Erich Fromm, en su Ética y Psicoanálisis, habla de una modalidad de hedonismo:  "la de aquél que encuentra su fuente de placer en la esclavitud y no en la libertad, en el odio y no en el amor, en la explotación y no en el trabajo productivo(...). Es el hedonismo del neurótico". 
Mi psicóloga clínica me está ayudando a acercarme a los términos opuestos:  libertad, amor y productividad. Soy yo quien, con mi lucha, estoy desmitificando aquel mundo que me habría matado o vuelto loco. Comienzo a tener, de nuevo, esperanza en que mi vida tenga sentido sin necesidad de recurrir a la esclavitud, al odio o la autoexplotación.

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