martes, 12 de mayo de 2020

Una enfermedad que afecta a (muchas) mentes privilegiadas

La Real Academia Española define absurdo como "Lo contrario a la razón. Lo que repugna el buen sentido". Y el filósofo René Descartes comienza su Discurso del método con estas palabras:  "El buen sentido[la razón] es la cosa mejor repartida del mundo". Si esto es cierto, ¿por qué mi mente no puede sortear las trampas que me prende mi subconsciente, trampas que son, precisamente, lo absurdo?
Comencé este Auschwitz mental a los 15 años. Recuerdo el primer día como si hubiese acontecido ayer:  tras levantarme y ver reflejado en la ventana de mi habitación el hospital que se halla frente a mi casa, inicié los primeros ritos(yo no tenía ni idea de que eso era lo que estaba haciendo):  inicié una serie de saltos sobre mi cama a la par que gritaba como si estuviese poseído. Era temprano, mis padres y mi hermana entraron para ver qué me sucedía; en ese momento dejé de hacer esas "cosas raras". Se quejaron porque les había despertado, y, a la vez, me preguntaron qué había hecho y por qué lo había hecho. No tuve respuesta ni para ellos ni para mí. Me duché, me vestí, desayuné y comencé a estudiar. Era verano. En septiembre debía hacer un examen en el instituto. Cuando estudiaba, en plena canícula, cerraba la ventana de mi habitación, encendía el flexo y cerraba la puerta. Así estuve estudiando durante dos meses y medio. En septiembre aprobé esa asignatura. Comencé 3º de BUP en la especialidad de Letras. Nunca más volví a suspender una asignatura. A partir de ese momento solo salía de casa para comprar tabaco y pasear durante un rato. Estaba poniendo los cimientos de mi mundo mágico, el que, sin saberlo, era el vivero de mi TOC, pero mientras ese mundo, construido por mí como Miguel Ángel pintó los frescos de la Capilla Sixtina, dio a mi vida un morrocotudo sesgo, fue una experiencia que me transformó en lo que yo quería ser:  una máquina, un ser humano sin humanidad, absorto en mis estudios y desafecto hacia el mundo que me rodeaba. ¡Pero, a día de hoy, 13 de mayo de 2020, sigo pensando que fueron los mejores años de mi vida!  Mi mundo mágico me proporcionaba todo lo que deseaba:  sentido a mi existencia, felicidad, sensaciones y emociones inefables, relaciones humanas exquisitas. Estaba en la élite. Yo era la élite.

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