Hace muchos años superé este problema gracias a la intervención de mi psicoterapeuta: para estos casos me dijo que recordase, antes de salir, lo siguiente: "¿debo ser bueno? Sí. ¿Puedo ser malo? Sí, y no soy pecador; también soy bueno". Ayer, tras regresar a casa, invoqué la voz de aquel psiquiatra, y me sentí mejor, pero esa voz diabólica seguía acechándome: "has salido; has sido malo". Grité tres veces para adquirir fuerza e impedir que esa voz triunfase. Mis gritos resultaron eficaces para acallar la voz proterva. No obstante, cuando llegó la noche tuve que recurrir a mi medicación, pero tuve la sensación de que al día siguiente(hoy) no me sentiría culpable, y así está siendo mientras escribo estas líneas, a las 11:00h. Hoy quiero volver a salir a pasear, a tomar un café o ese aperitivo de los fines de semana que tanto me gusta. Sin embargo, al margen de lo que haga, me place sentir una cierta paz interior, que, sin ser suficiente, quiere enviar a mi TOC un mensaje: no vas a ganar, no me vas a conducir a la solución final; mientras ese Algo que mueve la Tierra quiera que aquí continúe, aquí continuaré, leyendo, escribiendo, escuchando música, gozando de la contemplación de la naturaleza, viendo crecer a mi sobrino y ayudando a los demás en la medida y ámbito de mi dominio.
El TOC puede retirarse siempre y cuando yo no le conteste, no luche contra él, pero ¡ay de mí si sucumbo a sus tentaciones! En ese caso estoy muerto, vivo muerto, quiero estar muerto. Hasta la fecha estoy vivo. Pero, ¿es que no se da cuenta de que esta guerra no la va a ganar? La vida es una sucesión de claroscuros, vale, pero mi mente tiene el poder de priorizar los claros sobre las tinieblas. Esa es la otra forma de vivir que quiero para mí y para el resto de la humanidad.
que bien escribes tus sentimientos! Me gusta mucho
ResponderEliminarMuchas gracias, Judit.
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